La hizo un día Gerardo en una mesa mientras con la misma naturalidad prepara un regalo para los niños de la aldea, la construcción de un parque infantil. Fue un profecía corta y clara: "habrá un día que ya no estemos...", y de su seriedad triste por el destino cierto, salía el relleno para el vacío que te provoca la realidad en las tripas: "hasta ese día hay que estar con ellos...".
La reunión tenía como fin oficial nuestro relato sobre la estancia que acabamos de terminar en la base de Kimua. Una base que curiosamente se montó allí por una equivocación del piloto sudafricano y el trabajo de unos uruguayos, que mientras unos y otros decidían, construyeron una base y ahí se quedó.
Kimua
Oficialmente en Kimua no tenía que haber nadie de la ONU y de hecho en las cartas oficiales no figuraba como tal. Esta pequeña población, que pocos conocen salvo en Uruguay, es la puerta de los finanzas del FDLR y la ruta por la que, unos por tierra y otros por aire, rapiñan la riqueza de una minas de oro que no figuran en los mapas internacionales y de cuya explotación existen indicios de que se lucran algunos oficiales del ejército de la India con responsabilidades en la MONUC. Por eso no tenía que haber nadie, para no simular ataques que mantengan ocupados a los soldados ONU mientras los helicópteros despegan y aterrizan, o los escoltas hagan apurar el paso al cruzar por la puerta de la base, a unos señores bajitos y con cartera de cuero que son los contables del FDLR.Todo eso lo sabían e imaginaban los uruguayos que compartían en una mesa baja copas de vino, pero nuestro regreso formaba parte de su plan. Pese a nuestro rol de cooperantes, parecían haber medido perfectamente nuestra reacción a la visita que durante unos días habíamos realizado.
"Hay que hacer que existan", les dijimos."Háganlo", nos contestaron. "Nosotros les ayudamos".
Y al final no sabíamos quien ayudaba a quien, pero los beneficiarios eran los de Kimúa. Con ese veneno regresaba, mientras ellos en el día a día, atendían a los mas pequeños, curaban sus heridas y protegían a su vecinos con una pequeña desventaja frente al enemigo, eran, son 50, contra unos 1200.
La llegada de otros ojos diferentes a los nuestros, aseguró el plan de los uruguayos y desde entonces, a cada relevo, Kimúa recibía un baño de existencia
Kimua es la prueba de que las minas del Rey Salomon existen, la entrada a un complejo industrial donde los que extraen el mineral son esclavos, no existe la ley ni los derechos y donde hombres de negocios de Europa y Asia acuden a cerrar tratos con los hombres del FDLR. ¿Cómo pueden llegar los helicópteros si ser interceptados por las autoridades de la RDC o la ONU? nadie lo sabe, incluso cuando se escucha el zumbido de algún avión pequeño que delata una pista al otro lado del bosque, los soldados de la base de Kimua, saben que sonaran tiros.
Si uno quiere contactar con el FDLR en la zona de Kimúa, deberá marcar un celular con prefijos alemanes y le contestara uno de los tres ayudantes que tiene la misteriosa "Cabeza" del FDLR. Si cuando se mantiene la conversación desde Kimúa con el teléfono alemán, uno enciende un parlante con música, la melodía le aparecerá por el auricular. ( Prueba de Iván)
Ahora, la base que nunca debió estar ahí, los civiles a los que nadie había llamado a defender, los niños de la escuela, las mujeres que se acercaban a la valla a pedir comida o solicitar curaciones y hasta entregar regalos de fruta en agradecimiento, los partidos de fútbol de los jóvenes, todo, dejara de existir.
Kimua es la puerta a una disputa económica entre familias de la RDC y Rwanda en la que nadie al margen de las víctimas y los verdugos debía estar parado y los uruguayos, por casualidad o destino se pararon. Ahora, ya no estarán.
Tal vez como recuerdo, deberíamos colgar las fotos de aquello, para al menos existan un poco más.
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